
Dejo en esta ocación fragmentos de un modesto ensayo que escribí hace ya varios años.Actualmente el mismo ensayo tiene otra forma, creo que está mejor y mucho más pulido, pero como aún no lo terminé de cerrar, dejo esta versión.
Pero antes, voy a anticiparme a expresar algo, un ejemplo entre otros de seres esperanzados, son todos y todas aquellas personas, niños, niñas, adultos, abuelos y abuelas que viven el terror en carne propia en Franja de Gaza, y que aún así se despiertan cada día, cada mañana a trabajar o a reconstruir su vivienda,y que envían a sus niños a la escuela...pensando que un mundo mejor aún es posible, a pesar de las bombas, de las masacres, de las muerte de sus seres queridos.
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En el lenguaje corriente suele escucharse expresiones tales como “tengo la esperanza de que a Valentina le irá bien en el examen final de mañana” ,“no hay que perder la esperanza,tenemos un buen equipo, el sábado ganamos y seremos campeones” o bien “quédate tranquilo Tomás, confiemos y tengamos esperanza en que Berna, con el tiempo superará esta difícil situación”. Este tipo de expresiones, son una clara evidencia de que nosotros los seres humanos, siempre estamos a la espera de algo.”Desde que nacemos y damos comienzo a nuestra existencia esperamos algo, por mas simple que sea, desde las vacaciones hasta el regreso de un hijo” , de la suerte del buen clima de mañana para poder trabajar cómodamente al aire libre, hasta el buen resultado en mi examen de teoría del arte. Sin embargo, considero que la esperanza va mas allá de los citados ejemplos, justamente porque “la esperanza misma es mucho más profunda y misteriosa que una simple espera” , que un mero anhelo o deseo del momento.
La esperanza cala más hondo que el vivir diario, aunque está tejida en lo diario; es aquel sentimiento que apuesta a nuestro existir, que va mucho más allá de las diversas y múltiples dificultades que la misma cotidianeidad nos presenta.
A pesar de las marcadas diferencias entre una mera espera y la esperanza, hay un rasgo común en ambas, y es que tanto la primera como la segunda “son estados disposicionales internos a los sujetos, relativas al porvenir” , siempre están referidas al futuro.
Tener esperanza es un creer en , un tener fe en lo que ha de venir, una puesta consoladora al de-venir, pero siempre implicando y refiriéndose a algo bueno, entendiendo esto como aquello que nos consuela, nos contiene, nos apacigua, nos relaja. Por eso mismo la esperanza es algo que nos transmite confianza y vitalidad, es todo aquello que nos cubre de serenidad y tranquilidad.
Por otra parte no considero que la esperanza pueda ser relativa a un porvenir negativo, justamente por que tal apuesta no sería aliviadora ni consoladora, en tal caso ¿Cuál sería el sentido humano de tal apuesta? ¿Es posible que algún ser humano pueda naturalmente tener esperanza en algo malo?
Al considerar a la esperanza como una apuesta continua a la vida, a nuestro devenir, a nuestra existencia y a todo lo que ella implica, considero así a la desesperanza como todo lo opuesto a ella. Como la misma palabra lo indica des-esperanza implica un sin esperanza, un sin fe, un sin creencia.
A la desesperanza la entiendo como un estado de desesperación, una persona desesperanzada es un ser desesperado, un sujeto que se encuentra en crisis, y dicho estado de crisis supone una fuerte inestabilidad en cuanto a sus creencias y valores ; es un estar en una situación de total des-creimiento y abatimiento. Un hombre desesperado es aquel que “ no espera nada de si mismo, ni de los otros, ni de la vida”, que se encuentra solo y desamparado ante el mundo, que se cansó y renunció a lo que anteriormente mencioné como nuestra ocupación, a saber, esta búsqueda continua de sentidos.

La desesperanza tiende a lo que Gabriel Marcel llama deserción absoluta, es decir, tiende a la muerte, al suicidio. Visto desde esta óptica la muerte no significa mas que el abandono, la resignación, la rendición, la clausura total , absoluta y definitiva a la búsqueda de sentidos...
..la desesperanza es una pérdida total de sentido a nuestra vida; por el contrario, la esperanza como bien analiza Albert Camus en El mito de Sísifo, es aquella respuesta consoladora que nos hace visibles los muros del absurdo, es aquel sendero opuesto y distinto al suicidio, al sin sentido..


